Huecos

La sintonía de los cuerpos
derramados sobre el suelo
las flores secas
en la mesilla
los restos del futuro
decadente en las aceras
el día de ayer aún empedrado
las costuras
por las que asoman
palabras no dichas

A pocos metros
los tanques pronuncian
tu nombre

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Y las dudas compartidas hacia el hambre
y la tierna soledad en la garganta
un hueco sostenido de recuerdos
con tintes de arcoíris y monzón

una caja de sonrisas
entre cientos de ojos-rabia

bandadas de aves rapaces
saciadas de carne fría
dejaron picos y garras
derramados sobre el agua

Suficiente

Suficientes las espinas
que arrastramos en el cuerpo
suficientes
tantas como las palabras
cabalgando en frases recias
sobre discursos vacíos
suficiente
le digo basta al buenismo
de intenciones mutiladas
de manos, piernas
camino endeble
suficiente
que si el sol, que si el verano
el feminismo de Zara
con mujeres explotadas
en Bangladesh

suficiente mierda
mierda, es suficiente

si digo basta al desgaste
y alzo la voz hasta donde
nunca nos dejan
soy basta
y hasta demente
así que sí
es suficientemente evidente
que cuando las horas pasen
y vengan a por vosotros
y vuestros rostros derramen
la ira de tanta guerra
miraréis a vuestros cuerpos
terminados siempre en O
suficientes para todo
y os arrepentiréis de no
haber usado la frente

Y entonces
ya bastará
será tarde
tocará apretar los dientes

Creo

Creo en el cuerpo como lugar de partida de todo lo demás, como recipiente y depositante, como núcleo y germen de la lucha disidente y como espacio que guarda la memoria de todo lo que fuimos y lo que nos destruyó. Creo en la reconstrucción de la piel y de los hígados junto a otros cuerpos. Creo que las palabras más rocosas se instalan en nuestra carne y la pueblan y que a través de la escritura podemos abrirles la puerta o echarlas a patadas (dependiendo del caso y de la urgencia) e, incluso, transportarlas a otro lugar en el que la catarsis les permita construir algo nuevo y vigoroso que convierta la aspereza en potencia de cambio. Creo en los cuerpos cansados, mutilados, asqueados, que aún conservan energía para batallar juntos frente a la normatividad.

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Caminos, fuego y lodo

En algún cielo pletórico de sensaciones
caminamos sin rumbo
no hubo muchas estrellas pero sí
retales luminosos del pasado
caminamos estrechándonos
la frente
los problemas crecieron
y el pasado no sirvió
Fuimos caballos desbocados
con bombas de fuego en el morro
patas ligeras y trotadoras
galopamos durante tanto tiempo
como respiramos para
al final
caer de rodillas en el lodo

El cuerpo

Creo en el cuerpo como lugar de partida de todo lo demás, como recipiente y depositante, como núcleo y germen de la lucha disidente y como espacio que guarda la memoria de todo lo que fuimos y lo que nos destruyó. Creo en la reconstrucción de la piel y de los hígados junto a otros cuerpos. Creo que las palabras más rocosas se instalan en nuestra carne y la pueblan y que a través de la escritura podemos abrirles la puerta o echarlas a patadas (dependiendo del caso y de la urgencia) e, incluso, transportarlas a otro lugar en el que la catarsis les permita construir algo nuevo y vigoroso que convierta la aspereza en potencia de cambio. Creo en los cuerpos cansados, mutilados, asqueados, que aún conservan energía para batallar juntos frente a la normatividad.

Mañanas, tardes

La luz de la mañana es amplia
vigorosa
huele a niña recién nacida
y a deseos por cumplir
se cuela entre las plantas
las acaricia y hace renacer
el verde tierra

en las primeras horas del día
todo es posible
encontrar trabajo
arropar los desencantos
cargar de maletas el tren
hacia el país de no volverás

pero las tardes llegan deprisa
cansadas
el blanco es marrón
y los ojos ofrecen
miradas lejanas
las calles tienen
el mismo sabor
de ayer
a abrazos perdidos
entre las costuras
de los relojes
a huellas tercas
a frases hirvientes
a niña sin mecer
a brazos sin manos
ni huesos
a cuerpos que imploran
la redención

las tardes saben
a vida quemada